miércoles, 6 de marzo de 2013

Obdulio Arias Arias



Según el registro eclesiástico de Aguadas (Caldas) este cantante y compositor nació el 15 de marzo de 1912, y no en 1916 como aparece en Internet. Fue bautizado Obdulio María, hijo de Venancio y Clotilde. Murió en Pereira el 30 de septiembre de 2001, de acuerdo con lo registrado en la notaría 6a. de esta ciudad. La familia emigró a Filandia (Quindío) en 1913, radicándose en la vereda La Cauchera. Obdulio decía con placentero énfasis que era hijo de esta población, en la cual constituyó una orquesta formada por Juancho Henao, Lázaro Rodríguez, Gerardo Patiño, Jesús María Londoño y Leopoldo Naranjo. Disuelta la orquesta, Obdulio llegó a Bogotá y con Abel Salazar formaron el DÙO SALAZAR Y ARIAS, que mostró su arte en las emisoras Nueva Granada y La Voz de Colombia. De regreso a su punto de partida en Armenia, Arias conformó don José Macías "El Caratejo" el DUETO MACÍAS Y ARIAS de 1940 a 1945. Obdulio pasó a Medellín y fue escuchado en La Voz de Antioquia; integró el TRÍO EMILIO MURILL0 con Alfonso Cortés y José Cárdenas "El Oso", con presentaciones en Costa Rica y Panamá. Más tarde en Cali Obdulio unió su voz a la de Luis Ángel Londoño, el famoso "Calandria". De nuevo con José Macías y ahora con Octavio Ríos nació el TRÍO ALMA CRIOLLA. Emigraron otra vez a Medellín y de paso por Pereira y Manizales recibieron buen apoyo popular y oficial, además la asesoría del poeta Luis Carlos González.

Después de grandes dificultades, en compañía de Noel Ramírez (de Circasia) formó parte del TRÍO GRAN COLOMBIANO junto con Noel Cárdenas desde 1950 hasta 1976. Dieron inicio a sus labores en las cadenas radiales Caracol y RCN, patrocinados por las empresas textileras Coltejer y Fabricato. Dejado el trío nace el DUETO RAMÍREZ Y ARIAS, el que estuvo destinado a perdurar; de él quedan 80 canciones grabadas y 4 microsurcos.
"El resto se lo llevó la avalancha de los años", dijo Obdulio. Este dueto tuvo presentaciones en Nueva York y Nueva Jersey.
Con 44 años de ejercicio profesional escribió Montañera, Ingratitud, Salve Bambuco, Aguadeña y Señor Bambuco.
Escribe Obdulio: "Retirado, añoro las calles de Filandia, sus balcones engalanados por bellas mujeres, el aroma y verdor de sus praderas y la bondad prodigada por Dios a esta perla de los Andes".
En Ayer y hoy en mis canciones de Noel Salazar Giraldo, cuarta edición 1984, aparece nuestro Obdulio.

Jaime Naranjo Orrego
Filandia, Quindío

www.finlandiayfilandia.blogspot.com


https://www.cronicadelquindio.com/noticias/historia-1/obdulio-arias-arias-el-aguadeno-de-filandia-andariego-y-cultor

Obdulio Arias Arias, el aguadeño de Filandia, andariego y cultor

 Favorito

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Obdulio Arias Arias, el aguadeño de Filandia, andariego y cultor

Escribo estas notas en el municipio de Salamina, mientras discutimos -en un evento académico realizado en las instalaciones de la Escuela Taller de Caldas- sobre los 200 años de la llamada colonización antioqueña. 

Con relación a ello y sus diferentes versiones hay “mucha tela para cortar”, sobretodo si se debe hablar de migración o invasión y referirse a la gran “aventura” de los antioqueños que fundaron pueblos en el periplo cumplido desde Sonsón hasta Pereira y los municipios circundantes, en el transcurso del siglo XIX. Sobresale en este recuento un hecho indudable. Fue una oleada de andariegos, guaqueros y aventureros que llegaron a las tierras del sur y de cuyos núcleos familiares descendemos muchos quindianos. 

En particular, vino a mi mente el recuerdo de dos aguadeños que llegaron desde muy pequeños a mi natal Filandia y dejaron allí su impronta literaria y artística. Fueron ellos Narciso Vargas Gaviria y Obdulio Arias Arias. 

Del primero, la existencia de la casa donde él habitó, en el sector del Hospital Mental, rememora su presencia en el medio educativo y poético de principios del siglo XX. Y también se destaca el empeño que ha tenido su hija, Nubia Vargas Muriel, para convertir esa morada en una casa museo, que presenta en su bella fachada una placa de la comunidad aguadeña, colocada hace algunos años, en la celebración del centenario de su natalicio. 

De Obdulio Arias Arias, el otro aguadeño célebre de Filandia, hay mucho para relatar. Se celebraron, el pasado 30 de septiembre de 2021, 20 años de su fallecimiento. Mi estancia en esta bella ciudad de Salamina, la ‘Ciudad Luz’ de Caldas -divisando los caminos en zig zag de sus parajes montañosos y la profundidad de sus cañones- me recordó que el compositor, cantante y poeta Obdulio Arias Arias los había recorrido en dos momentos de su existencia, con las afugias de aquellas andanzas de las épocas pasadas. 

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Los padres de este cultor musical famoso llegaron procedentes de Aguadas a principios de la década del siglo XX, con pesadas cargas de equipajes, ellos llenos de esperanzas y con varios niños de su prole, de por sí numerosa, como caracterizaba a las familias de entonces. Uno de esos párvulos era el pequeño Obdulio, quien había nacido en Aguadas en 1912. A los menores se les cargaba en canastos, transportados en las muladas de arriería, y así llegaron al sector rural de Filandia que hoy se conoce como la vereda La Cauchera. 

Pero el espíritu andariego del pequeño Obdulio lo llevó a emprender, a sus 8 años de edad, la segunda aventura de su existencia, y como lo menciona la canción “Por los caminos de Caldas”. 

Su hijo Fernando Arias, quien reside en Medellín, me brindó información valiosa, contenida en un valioso documento que el cantante escribió y que se titula “Bosquejo autobiográfico de la vida de Obdulio Arias Arias”. 

En sus primeras páginas se encuentran los pormenores de las peripecias del niño, quien decidió escapar una madrugada. Menciona en el escrito a sus padres, Venancio y Cleotilde -o misiá Tilde, como la llamaban cariñosamente-. A su progenitor lo recuerda con nostalgia y gratitud pues el niño Obdulio, a esa edad temprana, “ejecutaba con facilidad el tiple y la guitarra”, instrumentos que no faltaban en la humilde vivienda campesina, ya que don Venancio también poseía la afición musical. 

Su primer destino fue la plaza de Filandia, a las 3 a. m., donde tomó rumbo a Pereira, encontrando trabajo en panaderías, pues le llamaba la atención ver la venta masiva de parva, nombre curioso con el que se ha denominado al pan horneado y a otras golosinas elaboradas de harina, que las muchachas de entonces vendían. 

Al aprender panadería fue fácil para Obdulio desempeñarse en ese oficio, cuando se topó con la dura realidad en los destinos siguientes, Santa Rosa de Cabal y Manizales. En esta capital amasaba el pan y lo llevaba en canastos grandes hasta la galería. Así retomó el camino que habían recorrido sus padres años atrás y él en un canasto de carga siendo un bebé. Las duras jornadas lo llevaron a su tierra originaria del norte de Caldas. Pasó por Aguadas hasta llegar a Medellín, después de pernoctar muchas noches en Sonsón, La Ceja y Rionegro. 

En los años siguientes, ya convertido en adolescente, Obdulio se embarcó en los buques que hacían el recorrido fluvial por el río Magdalena, trabajando en otros oficios, y especialmente como ayudante de los dispenseros o jefes de comedores en las embarcaciones y puertos. 

Así fue como estuvo en Puerto Berrío, La Dorada, Puerto Colombia y Barranquilla. En este puerto se embarcó como ‘pato’ o ayudante en un buque que -pensaba él- lo llevaría a Nueva York, pero resultó desembarcando en Esmeralda, Ecuador. Allí debió cargar banano y ya un poco agotado regresó a Barranquilla. Con la resignación del hijo pródigo, emprendió el regreso a la estancia del Quindío, por vía fluvial primero, remontando el Magdalena y llegando a Honda y Mariquita. Desde Armero, pasando por Líbano y el páramo del Ruíz, arribó a Manizales. En la finca lo recibieron con alegría sus padres. 

Ya en la edad madura, desde 1937, comenzó la carrera artística que lo llevó a integrar duetos y tríos, siendo el más conocido el que conformó con el circasiano Noel Ramírez, llamado el dueto Ramírez y Arias, pues fueron alrededor de 80 canciones grabadas. Las más escuchadas son “Tan mía y tan ajena” y aquella inolvidable titulada “La nieve de los años”, cuya primera estrofa dice: 

“Se está poniendo blanca toda mi cabellera, la nieve de los años me está cayendo ya. Qué arrugada mi frente de tantas primaveras... Quiero vivir tranquilo y descansar en paz...”. 

Obdulio Arias Arias compuso varias canciones. Entre ellas están “Montañera”, “Ingratitud”, “Salve bambuco”, “Aguadeña” y “Señor bambuco”. 

Otros integrantes de esta familia también se destacaron en la poesía y en la prosa. Así se testimonia en un poemario publicado por la esposa e hijos de uno de sus hermanos menores nacido en Filandia, don Luis Enrique Arias Arias. En esa pequeña pero significativa obra aparecen los hermosos poemas de Luis Enrique, quien también fue alcalde de su tierra natal. 

Su título es “Palabras del viejo”, donde se publican 35 poemas, uno de ellos dedicado a Luis Carlos González. Se incluyen también dos poemas de autoría de Obdulio, titulados “Filandia centenaria” -agosto 20 de 1978- y “Canto a Filandia” -agosto 27 de 1997-. Un primo hermano de ambos, Marceliano Arias Arias, también compuso poemas, siendo el más conocido uno muy satírico, dedicado al intelectual de Filandia, Jaime Naranjo Orrego. 

Demostrando su espíritu poético, ya retirado de la vida artística, y residenciado en Pereira, Obdulio alguna vez manifestó: “Añoro las calles de Filandia, sus balcones engalanados por bellas mujeres, el aroma y el verdor de sus praderas y la bondad prodigada por Dios a esta perla de Los Andes”. 

Por fortuna, en el mes de agosto de 2001 la alcaldía de Filandia le rindió un homenaje en vida al cantante, poeta y compositor aguadeño, pero adoptado por Filandia. Y sus cenizas fueron sepultadas en el camposanto local en octubre del mismo año, unos días después de su muerte, ocurrida en la capital de Risaralda. 

Ambos hechos fueron muy significativos, pues su hermano Luis Enrique pronunció sentidas palabras en el atrio del templo principal. Y en el funeral, en medio de la tristeza ciudadana, Noel Ramírez entonó en soledad la canción que los había inmortalizado.






Carlos Antonio Montoya Arias





“Una leyenda del ciclismo colombiano”: nació en Filandia (Quindío) el 17 de marzo de 1937, hijo de Carlos y Laura, de acuerdo con el libro de bautismos 26, folio 764, registro 1855. Abuelos paternos Andrés Montoya y Ana Ramírez; maternos Rudesindo Arias y Genoveva Gómez. En tal registro se hace constar que el 25 de junio de 1960 contrajo matrimonio en Buga con Doris Cecilia Rojas. Conocido como "La Bruja" Montoya. Murió en Buga el 2 de abril de 2011.

Jaime Naranjo Orrego
Filandia, Quindío
jaimenao@outlook.com

La reseña histórica del deporte colombiano está engalanada por grandes figuras, deportistas de reconocida calidad, que en un momento determinado, en su disciplina favorita, ofrendaron a su comarca o a Colombia, actuando en el exterior, lo mejor de sus reservas espirituales, morales y físicas, siempre con el anhelo de dejar muy en alto los colores de la divisa regional, comercial o del país. A todos ellos nuestro país los recuerda con gratitud, que como bien reza un proverbio francés, es la memoria del corazón.
Para algunos existió un solo día de gloria, para muchos otros las ocasiones de cita con el éxito fueron reiteradas, pero hubo alguien que nació humilde para el deporte, en tal condición creció, puso en práctica la máxima de que ‘el hombre está obligado a luchar mas no a triunfar’, y así, con el reconocimiento unánime de todo el pueblo colombiano dijo ‘adiós’ al ciclismo. El hombre a quien hacemos referencia es Carlos Arturo Montoya Arias y con ello pareciera estar escrito todo.
Ahora que estamos en pleno desarrollo de una nueva versión de la Vuelta a Colombia, la 56ª. para ser más exactos, qué bien hacer una semblanza de este gigante de las carreteras nacionales.
De Carlos Montoya (versión a la colombiana del francés Raymond Poulidor, eterno animador y segundón de las principales pruebas de largo aliento en Europa), comencemos por decir que antes que vallecaucano y más concretamente bugueño, es caldense, por cuanto nació en el municipio de Filandia, que luego pasó a ser territorio quindiano. Afincado en la ‘Ciudad Señora’ del Valle, desde muy temprana edad encontró en el Club Estambul de esa ciudad, el primer respaldo para sus inquietudes por el deporte de las bielas, disciplina que habría de llevarlo, con el paso de los años, a constituirse en el corredor nacional que dio más vueltas en bicicleta al país, siempre con renovado ánimo, con optimismo, con anhelo de llegar algún día a ser campeón, cosa que no fue factible, al menos en la Vuelta mayor, en razón de múltiples infortunios en los instantes de máxima definición.
Entre 1957 y 1976, Carlos Montoya estuvo presente en 18 ediciones de la Vuelta. Solamente dejó de intervenir en las versiones de 1958 y 1961.
Acumuló en tales participaciones 279 etapas, de las cuales ganó 12, para un recorrido completo de 35.374 kilómetros. Observó una excepcional regularidad durante siete Vueltas consecutivas, pues clasificó siempre entre los mejores diez ciclistas del país.
La suma de todas sus lucidas actuaciones en la prueba de ruta más importante de Colombia le permitió acumular 1.010 horas, 22 minutos y 06 segundos montado en una bicicleta. Algo así como 42 días completos y fracción, dedicados a trajinar por carreteras y caminos de la patria.
En esas 18 intervenciones en Vuelta a Colombia, la mejor figuración individual fue en 1966, cuando se ubicó en el tercer puesto de la clasificación general final, escoltando a los ases antioqueño Martín ‘Cochise’ Rodríguez y Javier ‘El Ñato’ Suárez.
Montoya Arias, como buen escalador, se consagró en tres oportunidad sub-campeón general de los premios de montaña. Ello sucedió en 1959, 1963 y 1965, a escasos puntos de diferencia de los vencedores, Hernán Medina Calderón, Pablo Hernández y Javier Suárez, en su orden.
Irónicamente, un hombre tan tradicional en la Vuelta, que entregó a ella lo mejor de sus años mozos, solamente pudo portar la camiseta de líder absoluto de la misma en una sola oportunidad. El 17 de octubre de 1962 ganó la primera etapa de la carrera de aquel año, entre Bogotá y El Espinal, en cerrado duelo final con Antonio Ambrosio, ya fallecido. La etapa se cumplió obre longitud de 152 kilómetros e impuso un tiempo de 3h-39m-16s. Ese éxito le permitió lucir la camiseta de puntero al día siguiente, entre El Espinal e Ibagué, en una jornada contra-reloj de 53 kilómetros que se adjudicó el paisa José Lubín Maya, para pasar a comandar la prueba.
Pero la versión del Clásico RCN de 1967 hizo total y absoluta justicia con Carlos Montoya. La prueba radial, nacida hace 45 años, dejó de ser, por primera vez en su historial, una simple doble a Jericó, Riosucio, Andes, Abejorral, Ciudad Bolívar o Anserma, como en las anteriores seis ediciones, para comenzar a ubicarse dentro del panorama del ciclismo, como una de las principales competencias del calendario. Hace 39 años, la carrera tuvo por primera ocasión tres etapas y consecuentemente un recorrido mayor: 442 kilómetros.
Junto al equipo ‘A’ del Valle, integrado por Aníbal Ricardo, Jairo Grijalba y el propio Carlos Montoya, tomaron la partida figuras de la categoría de Martín ‘Cochise’ Rodríguez, Severo Hernández Tarazona, Miguel Samacá Hernández, Gabriel Halaixt Buitrago, José Ramón Garcés, Pablo Hernández, Alfonso Galvis, Alveiro Mejía, Jaime Galeano Rúa y Asdrúbal Salazar, entre otros.
La primera etapa entre Medellín y Anserma, con trazado de 174 kilómetros, concluyó con triunfo de Carlos Montoya, quien en los kilómetros finales y luego de coronar con suficiencia el premio de montaña en el Alto del Tigre, se encaminó solo hacia la meta, la cual cruzó con ventaja superior a los cuatro y medio minutos sobre adversarios de la estirpe de ‘Cochise’, quien de inmediato sentenció ‘guerra a muerte’ para las dos próximas jornadas.
Para la etapa entre Pereira y Riosuico, ‘Cochise’ Rodríguez sacó a relucir su bien ganado prestigio, pero no obstante ganar el tramo, solamente pudo descontar 40 segundos al líder Montoya. Para la jornada de clausura, la histórica travesía desde Riosucio hasta Medellín, quedó planteado el duelo por el título de campeón.
A mitad del citado tramo, el crédito paisa, en su afán de descontar los tres minutos y 51 segundos que pesaban en su contra, lanzó un contundente ataque que le permitió pasar completamente solo por el premio de montaña, en el Alto de Minas y seguir en procura de su segundo triunfo parcial, en la pista del estadio Atanasio Girardot., tras avanzar en medio de una multitud calculada en algo más de 200.000 personas. Fue entonces cuando Carlos Montoya debió hacer acopio de todas sus capacidades, para no dejar escapar, como en tantas otras oportunidades, el triunfo definitivo. Haciendo gala de sus condiciones de buen escalador y en pareja con Marco E. Larrota, cruzó de inmediato por la misma cumbre montañosa.
En la pista atlética del estadio antioqueño y luego de superar la meta ‘Cochise’, pasaron angustiosamente los segundos y luego los minutos. Después de dos minutos y 48 segundos, en la tercera posición se ubicó Montoya, quien a la postre hizo suyo el ‘Clásico’, por el exiguo margen de 43 segundos.
Al conocer el resultado oficial de la prueba y saberse vencedor de la misma, Carlitos, como también se le denominó cariñosamente en su tiempo, rompió en llanto, afortunadamente de pleno gozo esta vez, pues había cosechado un gran triunfo, esperado por años y años y frente a calificados antagonistas paisas, en el propio terreno de éstos.

El triunfo del ‘Monarca Vallecaucano’ tuvo una doble significación, pues el día que ganó el ‘Clásico’ RCN, cumplía 30 años de edad y ocho de estar compitiendo en la Vuelta a Colombia.

viernes, 22 de febrero de 2013

Olga Alba de Chica



Belleza, poesía, sentimiento, entusiasmo, ha plasmado esta excelsa pintora en sus creaciones vigorosas y fecundas de dedicación al arte, de culto a la naturaleza, de elevación del localismo y de afirmación autóctona de su pueblo. Nació en Filandia el 21 de agosto de 1921.
Reside en Manizales desde 1954. Su pintura primitivista se ha expuesto en Washington, California, Maryland y Virginia (USA), Lima, Bruselas y Lovaina (Bélgica) y en Armenia (1975 y 1976), Manizales, Bogotá , Bucaramanga, Pereira, Montenegro, Duitama, Medellín, Cali, Palmira, Anserma, Salamina, Villamaría, Filandia. En 1976 fue representante por Colombia en el primer Festival internacional de arte al aire libre, celebrado en Washington; e invitada como segundo Jurado Anual de Arte Centro Femenino de la Universidad de California, en Santa Bárbara. En 1979, tercer Jurado Anual de Arte Centro Femenino de la misma universidad. En 1980, cuarto Jurado Anual de Arte del mismo centro y primer premio en tal evento; y seleccionadas por UNICEF dos de sus obras para las tarjetas de Navidad en beneficio de la niñez, para ingresar así a la serie de Pintores del Mundo que han contribuido con sus creaciones a tan importante organismo internacional, hecho que llena de orgullo a cualquier artista. En esta serie han participado Picasso, Dalí, Chagall, Feito, Dubuffet, entre otros. Sus imágenes primitivistas han sido los afiches del Día Internacional de la Mujer, de la Feria de Manizales y tarjeta de Navidad del Hospital Lorencita Villegas de Santos, con la espontaneidad y sencillez de su gran arte.
Niños, campesinos, el pesebre, cafetales, plazas de mercado, fondas, flores, riachuelos, pájaros, cometas, perros, son la inspiración de su pintura que se ha denominado Primitivismo, Naif, Nativismo, Arte Popular. Como bien se sabe, los pintores primitivistas son artistas innatos. Nuestra pintora confiesa que "pinto lo que siento. Si mi trabajo tiene alguna similitud con el de otros será pura coincidencia; detesto las imitaciones y los pasos en falso que a veces se dan tratando de plasmar candor infantil en algunos temas pictóricos. Pinto basada en mis propias ideas y conceptos de lo que he ido viviendo con el correr del tiempo y que son experiencias que han estado esperando a que las ponga sobre el lienzo. El público ha reaccionado favorablemente a mi trabajo. La mayoría de mis pinturas forman parte de colecciones privadas". Olga es maravillosamente fiel al hermoso axioma del crítico de arte, dibujante y sociólogo inglés Jonh Ruskin: "Arte bello es aquel en que la mano, la cabeza y el corazón marchan juntos".
                                                                Murió en Manizales el 16 de diciembre de 2016.
Jaime Naranjo Orrego
Filandia, Quindío
Publicado en el diario La Crónica del Quindío
Armenia – 30/oct/96





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